Las calles son nuestras

Exposición en el CELARG

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“Prefiero rayar de pie que pintar arrodillado” y “Siembra Socialismo”.

En mayo de 2014 realizamos la exposición “Las calles son nuestras” en la sala NG del CELARG (Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos). Al principio no nos entusiasmó demasiado la idea, ya que siempre hemos considerado que no hay mejor espacio para nuestro trabajo que la calle. Sin embargo, quisimos aprovechar la oportunidad para dar cuenta de parte de esa otra producción gráfica que ocurre a espaldas de las galerías mostrando no solo las piezas (carteles, murales, stenciles) sino también todo aquello que las rodea en su contexto original: materiales, técnicas, talleres y procesos de formación, conformación de brigadas, plantillas, herramientas, etc.

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Catálogo de la exposición “Las Calles son Nuestras”.

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Espacio 1 de la exposición: estenciles, carteles, manuales, videos, calendarios y vitrinas.

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Manuales de comunicación popular, calendarios, plantilla multicolor “tenemos patria grande”.

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“seguimos en resistencia” y varios carteles.

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Inauguración de la exposición.

El montaje sirvió para consolidar distintos equipos de trabajo del Comando en un mismo proyecto: muralistas, stencileros, diseñadores, investigadores, editores, fotógrafos, etc… Compañeros de los equipos regionales de Monagas y Aragua también participaron.  La curaduría estuvo a cargo de Chris Gilbert y Cira Pascual Marquina. A continuación les dejamos el texto curatorial:

Comando Creativo: cuando el vanguardismo se hace cotidiano.

Elementos que se consideran vanguardia en otras expresiones artísticas –como la subordinación al discurso público o político, el lenguaje abiertamente conceptual, la práctica creativa pensada directamente a partir de su recepción– se han normalizado en el nuevo arte callejero, sobre todo en la vertiente llamada post-graffiti donde converge el esténcil, el afiche, el muralismo y la calcomanía. Quizás el gran predecesor de estos artistas urbanos sea el pintor francés del siglo XIX Édouard Manet, cuya “artificialidad radical” celebró el historiador del arte T. J. Clark, y cuyas pinturas, especialmente Le déjeuner sur l’herbe y Olympia, en verdad se asemejan un tanto al esténcil. En el caso de los artistas urbanos del Comando Creativo, se puede agregar a su cotidianización de la vanguardia, el hecho de que para este colectivo épater le bourgeois ha dejado de ser una postura individual –como lo fue para la bohemia del siglo XIX– y se ha transformado en un proyecto político, un proyecto de masas. Nacido y comprometido con el Proceso Bolivariano, el colectivo percibió la necesidad de intervenir los espacios dominados por los mensajes del capitalismo. Kael Abello, uno de los fundadores, ha señalado que, a diferencia con otros artistas urbanos que comenzaron con un proceso de preparación técnica en la comunicación gráfica y luego incorporaron su práctica al ámbito político, el desarrollo de Comando Creativo fue a la inversa: el grupo se conformó inicialmente por militantes que más tarde se fueron a hacer el arte y que por el camino tuvieron que aprender las técnicas –el uso de materiales e incluso la forma del arte gráfico fue secundario. Es sintomático de la inercia de la cultura hegemónica que mitos como la espontaneidad, el genio solitario y la expresividad auténtica, regresen contradictoriamente para describir el graffiti y el street art. La película Beat Street (1984), indudablemente pionera en su momento, está repleta de esos mitos: el artista RAMO está dotado por Dios de un talento que vale “un millón de dólares”, su mano la “guía” el propio Miguel Ángel, y su destino es, naturalmente, el museo. Otro caso sintomático es la exagerada mistificación del “genio demiúrgico” de Jean-Michel Basquiat. En verdad, nada podría ser menos espontáneo que la mayoría de los graffitis, ya que el proceso implica la elección cuidadosa del lugar y la tarea de confeccionar una imagen que, durante su ejecución, no se puede ver por completo. Esta naturaleza calculada se multiplica en el caso de la plantilla, un formato desarrollado ampliamente por el Comando Creativo, que generalmente involucra muchos pasos y muchas manos. Tras preparar una o más plantillas (con su proceso de elaboración de la gráfica y del lenguaje) viene la selección de la pared y de los colores, que se realiza a menudo con la participación de la comunidad. Al final, el trabajo queda siempre abierto a nuevas intervenciones. El viejo cliché de que si algo no existiera sería necesario inventarlo, realmente aplica al Comando Creativo y esto explica su similitud con otras propuestas gráficas que también nacieron de la necesidad, al calor de proyectos insurreccionales y revolucionarios. En una entrevista, miembros del Comando Creativo afirmaron: “La Revolución Bolivariana nos pone a nosotros, a los comunicadores visuales, en una problemática del oficio muy similar a la que vivieron los soviéticos, donde prácticamente se inventan estos formatos que hoy se conocen como diseño gráfico”. Revindican así a artistas soviéticos como Alexander Rodchenko, El Lisitski y Vladimir Tatlin, quienes construyeron el puente entre el diseño gráfico, las técnicas de reproducción masiva y la transformación social. El planteamiento de Comando Creativo es que la comunicación visual puede ser una herramienta en la construcción de una nueva sociedad socialista, y que el arte puede regresar a los espacios de la vida cotidiana, al espacio público. Uno de los problemas fundamentales de la representación pública que el Comando Creativo ha abordado es la efigie de Bolívar, y este problema ha dado lugar a algunas de sus imágenes más emblemáticas. La Cuarta República saturó a Venezuela de Bolívares inmersos en un discurso trasnochado, por lo que correspondió al Comando Creativo construir una nueva identidad gráfica para Bolívar, que el discurso de Chávez y del movimiento Bolivariano habían resucitado. En el Bolívar con lentes de sol y en el Bolívar encapuchado despuntan los artilugios de aggiornamento, pero estas piezas se produjeron fundamentalmente con la finalidad de iniciar conversaciones y poner al Libertador en la vida cotidiana: “problematizar a Bolívar” en el lenguaje del Comando. Y las conversaciones brotan, conversaciones que pueden ser intensas hasta convertirse en polémicos debates. Otras imágenes bien conocidas del Comando Creativo, como la niña sembrando socialismo o el continente Nuestroamericano en rebeldía, también fueron esfuerzos para tratar el contenido del discurso del Comandante Chávez, cuya propia semblanza no fue central en la producción del colectivo hasta su fallecimiento. El último sentido en el que el trabajo de Comando Creativo naturaliza algunas características de las vanguardias anteriores es que la calle ha dejado de ser para este grupo un Salon de Refusés o un mero trampolín a la galería y es, de hecho, su lugar de preferencia. La galería, su estética y el reconocimiento crítico son incidentales al proyecto del colectivo. Acerca de la galería, el Comando nos recuerda que ésta “no es un espacio de llegada para nosotros” y sobre la belleza que “es, en el mejor de los casos, una herramienta que ni siquiera es necesaria”. Todo esto tiene sentido ya que más que en la galería, es en las calles y en los espacios públicos donde el capital hace la mayor parte de su trabajo. Por esa razón, los espacios urbanos– ya intervenidos y penetrados por el capital– son los que el Comando Creativo privilegia como lugares de trabajo y de cuestionamiento.

Caracas, Mayo 2014.

Chris Gilbert y Cira Pascual Marquina

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